Singladura núm. 1. Martes 22 de Agosto 2023
Esta madrugada,
a las 02.05 h despegaba mi avión en Barajas, Madrid, con destino Atenas. Era el
vuelo que me permitía, tras una escala en el Eleftherios Venizelos, embarcarme
a media mañana en el Roc Blanc, el barco en el que voy a hacer esta nueva
travesía. En Atenas la escala ha sido algo mas larga de lo planificado debido a
un retraso de una hora en la salida del avión con destino la isla de Naxos. El
aeropuerto de esa isla es, como el de muchas otras islas griegas, muy pequeño,
con un sencillo edificio de una planta a modo de terminal. Hemos aterrizado
casi a mediodía, descendiendo del avión en medio de la pista, por la que hemos
andado hasta el terminal. En éste hemos esperado, bajo un sol abrasador, en el parking, a donde llega prácticamente
la cinta de equipajes.
Una vez recogida
mi bolsa de navegación se plantea la necesaria negociación con los taxistas
locales para poder ir hasta el puerto de Kalandos, al Sur de la isla, donde
estaba amarrado el barco. Ese es un puerto solitario, en el que amarran
pesqueros y algunos barcos de recreo en su único espigón. La distancia al
aeropuerto son unos 42 km por una carretera que, con frecuencia, es un simple
camino de tierra, sin asfaltar. Ésta sube un pequeño puerto de montaña, por el
monte mas alto de la isla, a partir del cual la carretera baja directamente hasta el mar. No
es un destino que a los taxis les interese mucho, pues la última población
antes de esa cala está bastante alejada de ella. Además, el hacer ese
servicio les impide hacer otros varios para llevar a turistas, que hayan
llegado en un mismo vuelo, hasta los hoteles cercanos a la capital de la isla.
En efecto, en el viaje de ida hasta Kalandos se tarda algo mas de una hora, lo
que les supone perder negocio mas seguro.
A lo largo del
camino seguido por el taxista, posiblemente el único posible, mi móvil no tenía
frecuentemente cobertura, por lo que difícilmente podía verificar la situación
del taxi en cada momento. Por las sombras de los escasos árboles del camino
estaba claro que íbamos hacia el sur, pero poco mas. Este puerto está situado
en un lugar remoto de la isla, muy alejado de cualquier núcleo de población. El
paisaje de su entorno, la bahía de Kalandos, es árido, con vegetación baja y escasa.
El viento, el calor reinante y la escasez de lluvias – aparte de la
desforestación que posiblemente acometieran los otomanos en sus numerosos
siglos de dominio, para construir sus goletas – dificultan mucho, por no decir
que impiden, la existencia de una vegetación mas frondosa. Es un paisaje muy
extendido en las islas griegas del Egeo, como bien sabemos.
Al llegar el
taxi a la explanada frente al espigón, me encontré con mi amigo Jaime, el
armador y capitán del Roc Blanc. Este Roc Blanc no es el barco que yo había
conocido en años anteriores, pues Jaime lo compró justo en el verano 2022. Es
un Beneteau 51.1, de casi 16 m de eslora y 5 m de manga. Junto a Jaime en el
espigón estaban un primo suyo, también llamado Jaime (a partir de ahora, Jaime II), y su mujer, con los que
voy a navegar estas próximas semanas. Tras subir mi bolsa a bordo, y estibar lo
imprescindible, nos fuimos a comer a la taberna que allí existe. Ésta es un
chiringuito como el de muchos pequeños puertos griegos, consistente en una
terraza con mesas, cubiertas éstas con un chamizo, y todo atendido por una
activa mujer. Las taberneras son magníficas empresarias, que atienden muy bien su negocio.
La comida de
despedida del puerto fue a base de ensalada Naxos, con queso feta, unos rebozados de
berenjena y calabacín, chuletas de cordero - cortadas a ese extraño estilo
griego - con patatas fritas, y cafés fríos “a su manera”. Para beber, jarras de
“medio kilo” de vino frío de la casa, como es típico. La sobremesa no fue muy
larga ya que debíamos zarpar pronto.
A las 15.00 HRB, dos horas después de mi llegada al puerto, soltábamos amarras rumbo Dhespotikó, una pequeña isla al oeste de Naxos. En ese momento la temperatura ambiente era de 32ºC, la humedad del 62%, la presión atmosférica 1007 hPa, con viento flojito, de apenas 5 nudos, y componente Sur, al igual que el oleaje.
Yo he
aprovechado esta singladura para descansar algo en la misma bañera, ya que han
sido muy pocas las horas que he dormido en las últimas veinticuatro horas.
A las 19.15 HRB
fondeábamos en situación (36º 57´,4 N, 025º 00´,1 E), en una cala al Sur de Dhespotikó, donde ya estaba otro velero anclado.
La playa frente
a la que hemos fondeado es de arena fina, por las dunas que existen en toda la
playa. Estas dunas nos las encontramos con alguna frecuencia en islas de las
Cícladas.
Ya fondeados,
mientras yo terminaba de estibar mis cosas, los demás han estado bañándose para
mitigar el calor del día, lo que he hecho yo también a continuación. Después
hemos estado charlando tranquilamente, hasta la hora de la cena. Un tema
importante de conversación ha sido la previsión meteorológica para mañana,
sobre todo de viento, por la posible modificación de la derrota en los próximos
días. Veremos si podemos mantener la planificación inicial, o no.
La cena ha consistido en calabacín gratinado al horno, acompañado de vino frío “de la casa”, y sandía de postre. La célebre sandía que se toma de postre en Grecia. De nuevo en la sobremesa hemos seguido charlando tranquilamente, aprovechando las horas de luz en esta época del año. De todas maneras, mi déficit de sueño de todo este día tan especial me ha llevado pronto a la litera, a descansar.
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