lunes, 9 de octubre de 2023

 Singladura núm. 1. Martes 22 de Agosto 2023

 

Esta madrugada, a las 02.05 h despegaba mi avión en Barajas, Madrid, con destino Atenas. Era el vuelo que me permitía, tras una escala en el Eleftherios Venizelos, embarcarme a media mañana en el Roc Blanc, el barco en el que voy a hacer esta nueva travesía. En Atenas la escala ha sido algo mas larga de lo planificado debido a un retraso de una hora en la salida del avión con destino la isla de Naxos. El aeropuerto de esa isla es, como el de muchas otras islas griegas, muy pequeño, con un sencillo edificio de una planta a modo de terminal. Hemos aterrizado casi a mediodía, descendiendo del avión en medio de la pista, por la que hemos andado hasta el terminal. En éste hemos esperado, bajo un sol abrasador, en el parking, a donde llega prácticamente la cinta de equipajes.

Una vez recogida mi bolsa de navegación se plantea la necesaria negociación con los taxistas locales para poder ir hasta el puerto de Kalandos, al Sur de la isla, donde estaba amarrado el barco. Ese es un puerto solitario, en el que amarran pesqueros y algunos barcos de recreo en su único espigón. La distancia al aeropuerto son unos 42 km por una carretera que, con frecuencia, es un simple camino de tierra, sin asfaltar. Ésta sube un pequeño puerto de montaña, por el monte mas alto de la isla, a partir del cual la carretera baja directamente hasta el mar. No es un destino que a los taxis les interese mucho, pues la última población antes de esa cala está bastante alejada de ella. Además, el hacer ese servicio les impide hacer otros varios para llevar a turistas, que hayan llegado en un mismo vuelo, hasta los hoteles cercanos a la capital de la isla. En efecto, en el viaje de ida hasta Kalandos se tarda algo mas de una hora, lo que les supone perder negocio mas seguro.

Como siempre en las negociaciones del precio, uno termina con la sensación de que, sea cual sea la rebaja conseguida respecto al precio inicial del taxista, el precio conseguido es mayor del que realmente debería ser. Y mas cuando los amigos que ya están en la isla te indican, por mensajes, unos precios orientativos considerablemente inferiores al que uno finalmente consigue. Pero no hay otra alternativa para llegar a ese puerto, al menos si uno no quiere esperar una hora, mas o menos, para seguir negociando, hasta que los taxis terminado de trasladar a todo el pasaje del avión hasta sus hoteles, y no tengan otro servicio mas interesante. Mi alternativa estaba clara, dado que debía embarcar lo antes posible.



A lo largo del camino seguido por el taxista, posiblemente el único posible, mi móvil no tenía frecuentemente cobertura, por lo que difícilmente podía verificar la situación del taxi en cada momento. Por las sombras de los escasos árboles del camino estaba claro que íbamos hacia el sur, pero poco mas. Este puerto está situado en un lugar remoto de la isla, muy alejado de cualquier núcleo de población. El paisaje de su entorno, la bahía de Kalandos, es árido, con vegetación baja y escasa. El viento, el calor reinante y la escasez de lluvias – aparte de la desforestación que posiblemente acometieran los otomanos en sus numerosos siglos de dominio, para construir sus goletas – dificultan mucho, por no decir que impiden, la existencia de una vegetación mas frondosa. Es un paisaje muy extendido en las islas griegas del Egeo, como bien sabemos.

Al llegar el taxi a la explanada frente al espigón, me encontré con mi amigo Jaime, el armador y capitán del Roc Blanc. Este Roc Blanc no es el barco que yo había conocido en años anteriores, pues Jaime lo compró justo en el verano 2022. Es un Beneteau 51.1, de casi 16 m de eslora y 5 m de manga. Junto a Jaime en el espigón estaban un primo suyo, también llamado Jaime (a partir de ahora, Jaime II), y su mujer, con los que voy a navegar estas próximas semanas. Tras subir mi bolsa a bordo, y estibar lo imprescindible, nos fuimos a comer a la taberna que allí existe. Ésta es un chiringuito como el de muchos pequeños puertos griegos, consistente en una terraza con mesas, cubiertas éstas con un chamizo, y todo atendido por una activa mujer. Las taberneras son magníficas empresarias, que atienden muy bien su negocio.



La comida de despedida del puerto fue a base de ensalada Naxos, con queso feta, unos rebozados de berenjena y calabacín, chuletas de cordero - cortadas a ese extraño estilo griego - con patatas fritas, y cafés fríos “a su manera”. Para beber, jarras de “medio kilo” de vino frío de la casa, como es típico. La sobremesa no fue muy larga ya que debíamos zarpar pronto.

A las 15.00 HRB, dos horas después de mi llegada al puerto, soltábamos amarras rumbo Dhespotikó, una pequeña isla al oeste de Naxos. En ese momento la temperatura ambiente era de 32ºC, la humedad del 62%, la presión atmosférica 1007 hPa, con viento flojito, de apenas 5 nudos, y componente Sur, al igual que el oleaje.




Yo he aprovechado esta singladura para descansar algo en la misma bañera, ya que han sido muy pocas las horas que he dormido en las últimas veinticuatro horas.

A las 19.15 HRB fondeábamos en situación (36º 57´,4 N, 025º 00´,1 E), en una cala al Sur de Dhespotikó, donde ya estaba otro velero anclado.


La playa frente a la que hemos fondeado es de arena fina, por las dunas que existen en toda la playa. Estas dunas nos las encontramos con alguna frecuencia en islas de las Cícladas.


Ya fondeados, mientras yo terminaba de estibar mis cosas, los demás han estado bañándose para mitigar el calor del día, lo que he hecho yo también a continuación. Después hemos estado charlando tranquilamente, hasta la hora de la cena. Un tema importante de conversación ha sido la previsión meteorológica para mañana, sobre todo de viento, por la posible modificación de la derrota en los próximos días. Veremos si podemos mantener la planificación inicial, o no.

La cena ha consistido en calabacín gratinado al horno, acompañado de vino frío “de la casa”, y sandía de postre. La célebre sandía que se toma de postre en Grecia. De nuevo en la sobremesa hemos seguido charlando tranquilamente, aprovechando las horas de luz en esta época del año. De todas maneras, mi déficit de sueño de todo este día tan especial me ha llevado pronto a la litera, a descansar.

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