Singladura núm. 3. Jueves 24 de Agosto 2023
El barco ha
estado borneando toda la noche, por el viento cambiante debido a la orografía
de la isla. Por ello hemos dormido poco. Jaime ha estado toda la noche en la
bañera, y yo desde las 03.00 HRB. Ha sido una “noche toledana”. Cerca teníamos
una preciosa goleta de dos palos, con iluminación a ras de la línea de
flotación, y era la que nos ayudaba a medir los movimientos del barco.
Efectivamente, no solo ha estado borneando, sino que se alejaba y acercaba
continuamente a esa goleta, aunque el ancla ha aguantado bien.
Una hora mas
tarde teníamos viento fuerza 4, de componente Norte, y marejadilla. Livadi tiene una amplia bahía y un puerto en el que
atracan veleros y motoras, además de un largo muelle. En éste está la pequeña terminal
del ferry, que atraca en el lado Sur de dicho muelle.
A las 09.00 HRB
hemos levado ancla. Al izar el hierro hemos visto que la pieza giratoria, que
une el ancla a la cadena, se había retorcido con motivo del continuo y fuerte borneo
del barco durante toda la noche. Al entrar esa pieza en su carril se ha
atascado, quedando fuertemente bloqueada, e inutilizando el ancla. Esto suponía
que a partir de ese momento teníamos que entrar en puerto necesariamente, al no
poder anclar en la bahía.
Media hora mas
tarde de zarpar, llegábamos a Livadi. En la aproximación a la bocana del puerto
hemos visto que en él no había hueco para nuestro barco. Solo quedaba, por
tanto, abarloarnos al muelle, en un hueco que allí si había. El viento nos ha empujado fuertemente de través contra el muelle, y todas las defensas estaban
en esa banda para evitar el choque contra aquel. Al saltar al muelle desde la
cubierta me he dado un golpe en la rodilla derecha con un candelero, la cual ha
empezado a hincharse. Rápidamente me he dado una pomada antiinflamatoria, que
ha contenido la hinchazón, aunque no el hematoma interior. Esto
limita algunos de mis movimientos de aqui en adelante, al menos en estos próximos
días. Sobre todo en determinadas maniobras.
Desde el muelle
hemos conseguido liberar la pieza giratoria del ancla, y así la funcionalidad del ancla. Ahora al menos podremos fondear en la bahía, ya que en el muelle el casco no está seguro con un viento tan fuerte. Y hemos comprobado, de nuevo, que el
timón, y todos sus engranajes, están bien, con lo que no hay problema para la
navegación en los próximos días. No sabemos que pudo pasar anoche con el timón,
pero esa incógnita habrá que resolverla mas adelante, en su momento y lugar.
A última hora de la mañana, una gomona, con dos fuertes motores fueraborda, nos ha sacado del muelle a la bahía, ya que el fuerte viento continuaba empujándonos contra el muelle impidiéndonos hacer esa maniobra de forma autónoma sin riesgo para el casco. La gomona nos ha llevado hacia el Norte de la bahía, hasta el lugar que el patrón del bote ha considerado seguro el fondeo, tanto con los vientos reinantes, como con los previstos para las próximas veinticuatro horas. Nos hemos quedado a un cuarto de milla del muelle, cerca de la orilla Norte, cerca de otros veleros que ya estaban allí fondeados.
A continuación hemos comido tranquilamente, tomando el pollo de ayer, junto con una ensalada mixta al estilo cretense y salchichas. Todo ello acompañado del habitual vino frío. De postre fruta y después café con ron.
Avanzada la tarde, y a unos cien metros de nuestra posición, ha fondeado un catamarán suizo, de unos 40 o 42 pies. Al mando iba una mujer, una navegante solitaria, con un perro de gran tamaño. Tras hacerse unos cuantos selfies, ha entrado en la cabina, para no salir ya mas después.
El viento ha posibilitado que un kate-surfista disfrutara de su deporte durante una buena hora en esta amplia bahía.
Por la noche
hemos cenado pasta al pesto unos, y otros con tomate. El viento había
encalmado, lo que hacía presagiar una noche tranquila. Hoy no ha habido
sobremesa nocturna, al retirarnos todos a los camarotes, pues la noche anterior
no habíamos descansado mucho.







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